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Mikel Rodríguez- mikel@margenizquierda.net
El Ayuntamiento santurtziarra propone mejoras
para la circulación urbana de los discapacitados
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Manuel Arenas en su paseo habitual hacia el parque |
Cuestas, empinadas subidas y más pendientes. Tanto Santurtzi como el resto de municipios de la margen izquierda cuentan con una orografía muy
accidentada marcada por grandes desniveles. Y la dificultad aumenta para las personas con algunas
discapacidades físicas o a las que la edad no perdona. El Consistorio
marinero plantea remodelar los puntos negros arquitectónicos para hacer un suelo sencillo para todos.
Obras y Servicios de Santurtzi ha puesto en marcha la instalación de 64 nuevos dispositivos acústicos en los semáforos. Los invidentes
podrán disponer de estos sencillos mecanismos para poder cruzar con total normalidad en unas semanas. En total habrá 80 botones en el municipio que harán que los pasos de peatones y los semáforos dejen de ser una aventura para las
personas ciegas.
Además, los bordillos serán menguados para que las sillas de
ruedas, las muletas o los tobillos doloridos puedan moverse con total comodidad. Esta medida supondrá que muchos discapacitados físicos puedan desplazarse con más libertad por la localidad sardinera.

“Llevar las aceras a cota 0 hará que esas discapacidades sean menores”, señala Miguel Fernández,
responsable del Centro de Rehabilitación de Cabieces. Asimismo apunta el valor añadido de tener una minusvalía en las piernas
porque “muchas veces el entorno crea más discapacidad que la que la persona pueda tener. Hay que restringir las limitaciones que nos pone el medio”. Fernández apuesta por esta medida y la califica como “acertada” y “lógica”.
Ascensores con montacargas en los edificios y las rampas mecánicas a imitación de Portugalete o Basauri. Son algunas de las posibles alternativas que ayudarían a eliminar los obstáculos que el cemento impone a muchos viandantes afectados por lesiones. Fernández matiza que el bienestar social tiene que ser la prioridad para el Ayuntamiento por muy altos que sean los costes en esta materia. Sugiere que el acceso al propio Consistorio es imposible para muchos discapacitados debido a “esas inclinadas escaleras”.

Bordillos de vergüenza
Manuel Arenas comparte su camino con una silla de ruedas. Sus piernas se cansaron hace 5 años, pero a sus 78 años sigue transitando sólo por el parque. Relata que en ocasiones es difícil llegar hasta casa o hasta el tren. Para ello tiene que dar una gran vuelta y luego subir hasta su calle, Juan José Quintana, conocida por su gran pendiente. “Hay demasiados bordillos y no puedes cruzar por donde quieres”, declara Manuel.
Las orillas del asfalto a veces significan un gran muro para este hombre, que en ocasiones se ve obligado a ir acompañado por este tipo de trabas. “Me suele suceder cuando voy al ambulatorio, por ejemplo. Los bordillos son de vergüenza”. Recalca que en algunas zonas el bordillo sólo está rebajado por un lazo de la
calzada y apela que se hagan más ayudas sin ánimo electoral para las personas con discapacidades. |